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La internacional de la ultraderecha prometió levantar un orden político indestructible, protegido por líderes providenciales, alianzas inquebrantables y un desprecio casi religioso por sus adversarios. Entre octubre y noviembre de 2026, las urnas brasileñas e israelíes, el Congreso estadounidense y una crisis bancaria paraguaya comenzaron a mostrar las grietas de aquella construcción. No todas las fichas han caído. Algunas todavía gobiernan. Pero el ruido del dominó ya resulta difícil de disimular.