
La internacional de la ultraderecha prometió levantar un orden político indestructible, protegido por líderes providenciales, alianzas inquebrantables y un desprecio casi religioso por sus adversarios. Entre octubre y noviembre de 2026, las urnas brasileñas e israelíes, el Congreso estadounidense y una crisis bancaria paraguaya comenzaron a mostrar las grietas de aquella construcción. No todas las fichas han caído. Algunas todavía gobiernan. Pero el ruido del dominó ya resulta difícil de disimular.
Hay una escena que resume bastante bien el momento político internacional: dirigentes que hasta ayer competían por fotografiarse junto a Donald Trump hoy descubren, con admirable velocidad, que tienen ideas propias, agendas nacionales y compromisos que trascienden al presidente estadounidense. Una revelación intelectual verdaderamente conmovedora, especialmente porque llegó después de la derrota republicana del 3 de noviembre.
La política no funciona como una hilera de fichas que caen automáticamente. Cada país tiene instituciones, conflictos y electorados diferentes. Pero las alianzas internacionales producen efectos políticos y, cuando el dirigente que se presentaba como garante de la victoria empieza a perder, sus socios descubren el inconveniente de haber confundido una fotografía de campaña con un seguro de supervivencia.
Brasil: el apellido Bolsonaro descubre los límites de la inmunidad hereditaria
El primer episodio significativo ocurrió en Brasil. El 25 de octubre de 2026, Luiz Inácio Lula da Silva consiguió su reelección presidencial con 64.256.232 votos, equivalentes al 51,79 % de los sufragios válidos. Su adversario, Flávio Bolsonaro, obtuvo 59.826.041 votos, el 48,21 %, según el Tribunal Superior Electoral brasileño.
Más de cuatro millones de votos separaron al presidente reelecto del heredero político de Jair Bolsonaro. No fue precisamente la consagración popular que la familia esperaba después de convertir un apellido en proyecto político, bandera ideológica y, aparentemente, patrimonio transmisible.
El resultado tuvo una continuación todavía más llamativa. Flávio Bolsonaro abandonó Brasil y llegó a Miami después de las elecciones, en medio de investigaciones judiciales y restricciones relacionadas con sus documentos de viaje. La Policía Federal brasileña informó que había solicitado medidas cautelares ante el riesgo de salida del país. Las responsabilidades que pudieran derivarse de estos acontecimientos deberán determinarse judicialmente.
Su padre, Jair Bolsonaro, no se encuentra exiliado en Florida. Permanece en Brasil bajo arresto domiciliario humanitario y fue condenado a 27 años y tres meses de prisión por delitos relacionados con el intento de golpe de Estado y los ataques contra el orden democrático.
El contraste tiene una ironía difícil de mejorar: quienes hicieron del orden, la patria y el respeto a la autoridad los pilares de su prédica terminan protagonizando expedientes judiciales, restricciones de viaje y discusiones sobre el cumplimiento de resoluciones de los tribunales. Tanto patriotismo declamado y, al primer problema serio, Miami vuelve a aparecer como una posible sucursal de la salvación política.
La derrota electoral del bolsonarismo no supone su desaparición. Casi sesenta millones de brasileños votaron a Flávio. Confundir una derrota con la extinción de una corriente política sería tan irresponsable como desconocer que Lula consiguió una victoria democrática y verificable.
Israel: Netanyahu conserva el despacho, pero perdió las llaves de la mayoría
El 27 de octubre, las elecciones israelíes ofrecieron otra escena cargada de contradicciones. El Likud de Benjamin Netanyahu obtuvo 27 de los 120 escaños de la Knéset. Su bloque religioso-nacionalista alcanzó 53 bancas; las fuerzas opositoras agrupadas en torno a Gadi Eisenkot consiguieron 48, mientras los partidos de representación árabe reunieron 19.
La mayoría absoluta exige 61 escaños. Ninguno de los dos grandes bloques la consiguió. Netanyahu continúa como primer ministro en funciones mientras se negocia la formación de un nuevo gobierno. El presidente Isaac Herzog dispone hasta el 11 de noviembre para encomendar esa tarea a un candidato.
El 5 de noviembre apareció una dificultad adicional para Netanyahu: el partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá evitó recomendar un candidato, mientras una fuerza árabe respaldó a Eisenkot. La aritmética parlamentaria continúa abierta.
Y aquí aparece una de las ironías políticas más notables del año. Después de décadas de marginación y sospecha hacia la representación política árabe, sus 19 legisladores pueden resultar determinantes para la formación del próximo gobierno. Quienes parecían destinados a contemplar las decisiones desde la periferia del poder terminaron ocupando una posición que los grandes bloques difícilmente puedan ignorar.
Conviene no confundir esa capacidad de negociación con una transferencia automática del gobierno a los partidos árabes. Tampoco supone que el reemplazo de Netanyahu signifique necesariamente un cambio de fondo respecto de Gaza o de la cuestión palestina. Eisenkot fue jefe del Estado Mayor israelí y su eventual llegada al gobierno no constituye, por sí sola, una ruptura con la política de seguridad israelí.
Netanyahu enfrenta además una situación judicial internacional. Desde el 21 de noviembre de 2024 pesa sobre él una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad relacionados con Gaza. No se trata técnicamente de una orden de arresto por el delito de genocidio, distinción jurídica importante aunque no disminuya la gravedad de las acusaciones.
La pérdida del gobierno podría modificar sus posibilidades diplomáticas y su exposición política, pero no crea ni elimina esa orden de arresto, que tiene existencia jurídica independiente de la formación de una nueva coalición.
El dirigente que convirtió la seguridad en argumento permanente para conservar el poder descubre ahora una antigua e incómoda característica de los parlamentos: para gobernar no basta con declararse indispensable. También hay que reunir votos.
Washington: Trump conserva la Casa Blanca, pero perdió el Congreso
La tercera ficha produjo el estruendo más importante. El 3 de noviembre de 2026, el Partido Demócrata arrebató a los republicanos el control de la Cámara de Representantes y del Senado. Entre las victorias más significativas estuvieron las de Texas, Kansas y Carolina del Sur, territorios donde los republicanos habían construido expectativas muy diferentes.
Los demócratas aseguraron al menos 54 escaños senatoriales, mientras continuaba el recuento de algunas contiendas. El nuevo Congreso comenzará sus funciones el 3 de enero de 2027.
Es importante aclararlo: Estados Unidos no eligió un Congreso socialista. Eligió mayorías demócratas, dentro de las cuales existen sectores progresistas y algunos representantes socialistas democráticos. Convertirlos a todos en revolucionarios sería atribuir al Partido Demócrata una transformación ideológica que ni sus propios dirigentes reivindican.
Pero la dimensión de la derrota no necesita exageraciones. Trump seguirá ocupando la Presidencia; lo que perdió fue el respaldo de las dos cámaras legislativas a partir de enero. El hombre acostumbrado a presentar sus decisiones como órdenes incuestionables tendrá enfrente un Congreso con capacidad de investigación, control presupuestal y bloqueo de buena parte de su agenda.
Hakeem Jeffries y Chuck Schumer anticiparon una etapa de investigaciones y prioridades legislativas centradas en el costo de vida y la atención sanitaria. El control parlamentario puede multiplicar las comparecencias de funcionarios y las exigencias de información sobre decisiones del Ejecutivo.
La economía y la guerra con Irán tuvieron un papel central en el malestar electoral. Trump admitió que el conflicto había perjudicado a los republicanos, particularmente por sus consecuencias sobre el precio de los combustibles. Su vicepresidente, JD Vance, también atribuyó a esa guerra una parte fundamental del resultado.
La ironía resulta especialmente cruel para una administración que prometía fortaleza, prosperidad y resultados espectaculares. El electorado terminó enviando un mensaje bastante menos grandilocuente: los discursos no llenan el tanque de combustible, no abaratan los alimentos y tampoco pagan las facturas de salud.
No se trata del derrumbe definitivo del trumpismo. Se trata de una derrota institucional concreta. Trump conserva importantes atribuciones ejecutivas y mantiene capacidad de influencia internacional. Pero el poder que proyecta hacia sus aliados ya no descansa sobre la misma mayoría legislativa.
Paraguay: la estabilidad prometida y el problema de explicar un banco
En Paraguay, la crisis tiene otro origen, pero golpea igualmente el relato de estabilidad y buena administración que sostiene el gobierno del presidente Santiago Peña.
El Banco Central del Paraguay resolvió el 2 de noviembre iniciar el procedimiento de resolución de Ueno Bank, decisión comunicada públicamente el día 3. Según el regulador, la entidad presentaba un índice de solvencia inferior al 50 % del mínimo requerido, después de ajustes en sus estados financieros.
El banco contaba con aproximadamente tres millones de clientes. El Banco Central informó sobre los mecanismos de garantía de depósitos y los procedimientos destinados a proteger a los ahorristas comprendidos en el régimen legal.
La investigación avanzó rápidamente. El 4 de noviembre, el Ministerio Público paraguayo comunicó la imputación de 27 personas relacionadas con el banco y empresas vinculadas por presuntas conductas que incluyen lesión de confianza, tentativa de estafa e irregularidades contables. Son imputaciones, no condenas.
La Fiscalía señaló operaciones crediticias entre empresas vinculadas, préstamos cuya recuperación podría encontrarse comprometida y transferencias de fondos que forman parte de la hipótesis investigativa. La magnitud de los montos examinados contribuyó a transformar una crisis bancaria en un problema político de primer orden.
Las consecuencias alcanzaron directamente al gobierno. Treinta y cinco diputados opositores presentaron una iniciativa de juicio político contra Peña y solicitaron su tratamiento parlamentario. Sus acusaciones incluyen presuntos conflictos de interés y cuestionamientos sobre la administración de recursos. Peña había sido accionista del grupo empresarial relacionado con Ueno.
Esos antecedentes justifican el escrutinio público, pero no prueban participación penal del presidente. La oposición, además, todavía debe reunir las mayorías constitucionales necesarias para avanzar con su iniciativa.
Para un gobierno que ofrecía estabilidad financiera como carta de presentación internacional, tener que explicar una intervención bancaria, investigaciones contra ejecutivos, imputaciones y una solicitud de juicio político no parece el mejor folleto para atraer inversiones.
Paraguay no debe confundirse con una quiebra de todo su sistema financiero. Pero la confianza pública es bastante más delicada que cualquier presentación corporativa: construirla lleva años y perderla puede llevar un fin de semana.
España: los admiradores de Trump descubren la distancia entre Madrid y Michigan
Las ondas políticas cruzaron el Atlántico y encontraron a la extrema derecha europea practicando una disciplina novedosa: el distanciamiento preventivo.
En distintos países europeos, dirigentes próximos ideológicamente al trumpismo comenzaron a señalar las consecuencias negativas de la guerra con Irán y del encarecimiento de la vida. Las críticas se dirigieron en buena medida a decisiones y resultados, aunque varios evitaron cuestionar frontalmente al propio Trump.
En España, Santiago Abascal, dirigente de Vox y antiguo defensor de la alianza con el movimiento MAGA, respondió a las preguntas sobre el resultado estadounidense destacando que estaba en Ciudad Real y no en Michigan. Una precisión geográfica impecable. También bastante conveniente después de haber dedicado años a reivindicar la afinidad política transatlántica.
El Partido Popular hizo una lectura diferente. Alberto Núñez Feijóo reconoció que Trump había perdido las elecciones y utilizó el resultado para advertir a Pedro Sánchez sobre un posible vuelco político en España, donde los comicios generales están previstos para el 29 de noviembre.
El propio Sánchez interpretó la derrota republicana como un retroceso de la ola ultraderechista internacional. Es una valoración política, no una garantía de lo que decidirán los votantes españoles.
No hay evidencia suficiente para afirmar que la derrota republicana determinará el resultado español. Pero sí existe una modificación del clima político: presentarse como amigo de Trump ya no garantiza el beneficio electoral que algunos dirigentes suponían.
El problema de alquilar prestigio político en el extranjero es que el propietario puede perderlo antes de que venza el contrato.
Buenos Aires: Milei y la dificultad de depender de un aliado debilitado
Javier Milei enfrenta un desafío distinto. Su cercanía con Trump constituye una definición política explícita y una herramienta central de su relación con Washington. El respaldo estadounidense también adquirió dimensiones financieras y comerciales concretas.
En 2025, el gobierno estadounidense anunció mecanismos de apoyo a Argentina, entre ellos un acuerdo de intercambio de monedas por hasta 20.000 millones de dólares. Ese antecedente explica por qué el resultado electoral estadounidense no es para Buenos Aires una simple noticia extranjera.
Después de las elecciones del 3 de noviembre, funcionarios argentinos admitieron, según medios de ese país, que la derrota republicana había superado sus previsiones. Al mismo tiempo, sostuvieron que la cooperación bilateral y los instrumentos financieros vigentes continuarían.
El gobierno argentino busca avanzar en acuerdos pendientes y consolidar relaciones institucionales capaces de sobrevivir a las disputas partidarias estadounidenses. Es una estrategia razonable, aunque llega después de una prolongada exhibición de afinidad personal entre ambos presidentes.
Milei no perdió el gobierno, ni existen pruebas de que Washington haya suspendido su apoyo financiero. Pero un Congreso estadounidense controlado por los demócratas puede aumentar el escrutinio de futuras decisiones de asistencia, exigir explicaciones y alterar el contexto político de nuevos compromisos.
El presidente argentino descubrió así una dificultad del personalismo internacional: cuando toda una relación se presenta como el resultado de una amistad extraordinaria, cualquier debilitamiento del amigo amenaza con transformarse en una preocupación de Estado.
La internacional del ego frente a la realidad
Brasil ofrece una derrota electoral y una salida del país bajo investigación. Israel presenta una mayoría perdida, negociaciones inciertas y una orden judicial internacional que continúa vigente. Estados Unidos registra una derrota republicana que cambia el equilibrio institucional. Paraguay enfrenta una crisis bancaria con derivaciones políticas. España reconsidera sus referencias internacionales y Argentina procura conservar acuerdos por encima de las afinidades personales.
Son procesos diferentes. No forman una conspiración mundial ni responden a una única causa. Pretenderlo sería reemplazar el análisis político por una novela de suspenso con demasiados villanos y un solo guionista.
Pero existe un hilo común: dirigentes que prometieron resolver problemas complejos mediante liderazgo personal, obediencia, confrontación y certezas absolutas empiezan a comprobar que los votos, los tribunales, las cuentas bancarias y el costo de vida tienen una desagradable independencia de los discursos.
La extrema derecha internacional no está derrotada definitivamente. Conserva gobiernos, organizaciones, recursos económicos, representación parlamentaria y millones de votantes. Subestimarla por una sucesión de reveses sería un error político.
Precisamente por eso, el desafío de las fuerzas democráticas y progresistas consiste en ofrecer respuestas concretas: mejores salarios, producción, empleo, servicios públicos, justicia social, democracia efectiva y soluciones a los problemas cotidianos. Ninguna victoria electoral ajena sustituye esa tarea.
La ironía final es que los mismos dirigentes que presentaban su ascenso como una transformación histórica irreversible hoy necesitan explicar por qué perdieron votaciones, por qué sus aliados negocian con antiguos adversarios y por qué sus promesas de prosperidad terminaron chocando con la economía real.
El dominó todavía no terminó de caer. Algunas fichas siguen firmes. Otras pueden recuperar el equilibrio. Pero los autoproclamados arquitectos de un orden eterno ya recibieron una lección elemental: la historia no firma contratos de permanencia con ningún presidente.
Y tampoco acepta reservas anticipadas en Miami.
Fuentes principales
→ Tribunal Superior Eleitoral de Brasil. (2026, 28 de octubre). Resultados oficiales de las elecciones presidenciales de 2026.
→ Policía Federal de Brasil. (2026, octubre). Nota oficial sobre las medidas cautelares relativas a Flávio Bolsonaro.
→ Congressional Research Service. (2026, 30 de octubre). Israel: 2026 Elections and Government Formation.
→ Reuters. (2026, 5 de noviembre). Netanyahu's position weakens as ultra-Orthodox party withholds support.
→ Corte Penal Internacional. (2024, 21 de noviembre). Órdenes de arresto contra Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant.
→ Associated Press. (2026, 4 de noviembre). Democrats win the US House and Senate.
→ Reuters. (2026, 5 de noviembre). Democrats vow to rein in Trump as he shows off White House ballroom.
→ Ministerio Público de Paraguay. (2026, 4 de noviembre). Imputación a 27 personas por presuntas irregularidades financieras en Ueno Bank.
→ Cámara de Diputados de Paraguay. (2026, 4 de noviembre). Presentación de iniciativa de juicio político contra autoridades del Poder Ejecutivo.
→ El Constitucional. (2026, 4 de noviembre). Declaraciones de Santiago Abascal después de las elecciones estadounidenses.
→ TN. (2026, 4 de noviembre). El Gobierno argentino busca consolidar sus acuerdos con Estados Unidos.
→ ICI Plus. (2026, 29 de octubre). Netanyahu pierde su mayoría y Trump enfrenta las urnas: una alianza bajo presión. Antecedente editorial de esta ampliación.
medios.uy - Elaboración propia a partir de fuentes verificadas. Columna de opinión. 5 de noviembre de 2026.
Crédito de imagen: medios.uy. Ilustración conceptual de fichas de dominó cayendo, generada mediante inteligencia artificial con ChatGPT (OpenAI). No representa un acontecimiento real.